miércoles, 24 de septiembre de 2008

Un conte

El mestre sufí explicava una paràbola al final de cada classe, però els alumnes no sempre n'entenien el sentit...

-Mestre -va considerar un d'ells, una tarda-. Tu ens expliques els contes, però no ens n'expliques el significat...
-T'en demano perdó -es va disculpar el mestre-. Pemet-me que en senyal de rectificació, et convidi a un deliciós préssec.
-Gràcies mestre -va respondre afalagat el deixeble.
-Com a compliment, voldria pelar el préssec jo mateix. M'ho permets?
- Sí, moltes gràcies -va dir l'alumne.
-Com que tinc el ganivet a la mà, t'agradaria que el tallés a bocins perquè et sigui més fàcil menjar-te'l?
-M'encantaria... Però no voldria abusar de la teva generositat, mestre...
-No és cap abús si t'ho ofereixo jo. Només vull complarure't... Deixa'm que també el mastegui abans de donarte'l...
- No, mestre. No m'agradaria que ho fessis! -es va queixar; sorprès, el deixeble. El mestre va fer una pausa.
- Si us expliqués el sentit de cada conte, seria com donar-vos per menjar una fruita mastegada.

Jorge Bucay. De la saviesa sufí

domingo, 21 de septiembre de 2008

"Aprende a decir lo que sientes a la persona que te lo hizo sentir"
Anónimo

Una historia

Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy

grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su
clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.

Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer
muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó
su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que
todos estuvieran preparados.



- Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores.
- ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a
dibujar preciosas flores con sus colores.

Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor
roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después
miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo
nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su
maestra.

Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer algo con barro.
- ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas
cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y
carros y comenzó a estirar su bola de barro.

Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que
todos estuvieran preparados.
- Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar un plato.
- ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a
construir platos de distintas formas y tamaños.

Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a
todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora
pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró
el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer
uno igual al de su maestra.

Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas
iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias
ideas.

Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a
ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué
hacer.

Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó
hasta el pequeño niño ella dijo:
- ¿No quieres empezar tu dibujo?
- Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?
- No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.
- ¿Y cómo lo hago? - preguntó.
- Como tú quieras contestó.
- ¿Y de cualquier color?
- De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y
usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?
- Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el
tallo verde."


Anónimo

"Los hombres nacen ignorantes, no estúpidos; son idiotizados por la educación"
Bertrand Russel